La leyenda de Lobero

La leyenda de Lobero

Lobero era una provincia ubicada al sur del continente americano. Las leyendas dicen que esa tierra era muy noble tanto para la flora como para la fauna. Los animales convivían en armonía unos con otros.

Eso duró hasta que la zona fue poblada por una comunidad de perseguidores de animales salvajes. Maximiliano era el líder y sus compañeros le apodaban “El zorro de plata”, pues a pesar de ser un hombre ya mayor, era muy escurridizo sobre todo cuando se trataba de cazar a los feroces lobos.

Las pieles de estas bestias se iban acumulando poco a poco en las bodegas, hasta que del cielo cayó un rayo haciendo un inmenso cráter en el suelo.

De ese agujero salió una mujer vestida de verde, quien se anunció como “la Madre Naturaleza”, quien fue en búsqueda de Maximiliano para decirle unas cuantas cosas. Entre lo más destacado de su discurso, pude rescatar lo siguiente:

– He notado que llevas mucho tiempo matando a mis criaturas sin razón. Entiendo que como todas las especies que viven aquí, ustedes necesitan alimento para vivir y yo no me opongo a que utilicen la carne de los animales como comida, pues todo eso es parte del ciclo de la vida. Sin embargo, han abusado al matar a los lobos indiscriminadamente. O dejan de hacerlo, o me veré obligada a tomar medidas extremas.

Maximiliano, no hizo caso de las advertencias e inclusive mandó a varios de sus amigos a exterminar por completo a todos los lobos que se encontraran en las estepas.

Al ver esto, “la Madre Naturaleza”, desistió de volver a hablar con ese hombre, pues comprendió que sus esfuerzos de entablar un diálogo eran inútiles. Por lo que decidió transformar a Maximiliano en un lobo.

Cuando estaban a punto de asesinarlo, él miraba a los cazadores fijamente a los ojos, como tratándoles de decir que adentro de la piel de ese animal, se encontraba un ser humano. De pronto uno de ellos, lo miró y le dijo:

– ¿eres tú Max?

– Sí, soy yo. Dejemos de asesinar animales por gusto y tratemos de que este sea un mundo mejor. Milagrosamente la bestia pudo articular varias palabras.

A partir de ahí, los aldeanos se preocuparon por cuidar su entorno.

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