La leyenda del caballero sin cabeza

La leyenda del caballero sin cabeza

En Escocia, los miembros del clan de MacLaine Lochbuie, evitan a toda costa caminar por la carretera en esa zona durante la noche. Dicen que temen encontrar un caballo fantasmal, dirigido por un jinete sin cabeza negro, y oyen el ruido de los cascos y los cascabeles brillantes de las riendas. Los lugareños dicen que este caballero anuncia muertes inminentes.


Es una de las leyendas cortas de terror más hablada en Escocia. El nombre del caballero es Ewen Knight, que era el hijo y heredero del clan Jefe MacLaine. Pero la envidia y el odio que sentía por su padre, hizo que los dos cayeran en desgracia, y resolvieron las diferencias en el campo de batalla de Lochbuie. En 1538, los dos ejércitos se encontraron y el niño acabó decapitado por culpa de un hachazo recibido por uno de los seguidores de su padre. Desde entonces hasta hoy, muchos testigos afirman haber visto o escuchado a Ewen, sin cabeza, montando en su corcel negro, cosechando las almas en los campos de batalla.


La leyenda también dice que este mensajero de la muerte habría sido un presagio de su propio fallecimiento. La noche antes del conflicto, Ewen tuvo una reunión con el Hada Lavandera (una figura popular escocesa similar a Bansidhe irlandesa y galesa bruja Baba). En la víspera de los combates, era una mala costumbre lavar la ropa de los guerreros que mueren en combate.


Ewen caminó a lo largo de un arroyo y cuando vio a la anciana se agachó junto al agua, que estaba enjuagando un montón de camisas manchadas de sangre. Él le preguntó si su camisa estaba entre esas, y la respuesta fue afirmativa. Ewen cayó en la desesperación y le preguntó a la anciana si había alguna manera de revertir ese pronóstico sombrío. La anciana, dijo que estaría libre de la maldición si su esposa sin ser advertida, le servía mantequilla al día siguiente. Pero la suerte no sonrió a Ewen, ya que su encantadora esposa no sirvió mantequilla a la mañana siguiente. El desafortunado caballero comió estoicamente su pan seco, teniendo en cuenta de que tras la batalla no volvería.

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